Han sido múltiples las crÃticas
al marxismo. Una de ellas es su supuesta naturaleza mesiánica, según la cual
existe un “pueblo elegido” (el proletariado) destinado a liberar a la humanidad
por su predestinación histórica. Si bien una lectura simple puede llevar a
tener esa concepción del marxismo, en cuanto uno realiza una lectura más
profunda ve que la “predestinación” de la clase obrera no viene dada por su carácter
de “pueblo elegido”. Por una parte, no existe una predestinación histórica, y
por la otra, el papel histórico del proletariado se sujeta en sus condiciones
de vida y en su papel en la sociedad de clases.
Si bien
Marx y Engels dan a la clase obrera el papel de sujeto de cambio revolucionario
en el capitalismo, en el primer capÃtulo de El Manifiesto Comunista reflejan
que la historia, es decir la historia de la lucha de clases, no se desarrolla con
un final marcado. Asà pues cuando en El Manifiesto exponen que la historia es “en
una palabra: opresores y oprimidos, frente a frente
siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras
francas y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación
revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases
beligerantes” dibujan una concepción abierta de la historia, cuyo fin no está
predeterminado. Es decir, más allá de las proclamas tÃpicas de un manifiesto en el que se alienta a poner fin a una situación de explotación, la concepción de la
historia en Marx y Engels en ningún caso se puede ver como un esquema
prefijado.
Más allá de esta cuestión, en La Sagrada Familia, hay un
fragmento muy interesante sobre el papel liberador del proletariado. Se trata
en el CapÃtulo IV, en la Segunda Nota Marginal del cuarto punto, que trata las
tesis de Proudhon. Hay un fragmento del texto de Marx que comparto más abajo a
partir del que se podrÃan extraer algunas reflexiones. En el texto Marx dice “en las condiciones de existencia del
proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de
existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sà mismo, pero, al
mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que
se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable,
imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la
necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el
proletariado puede libertarse a sà mismo. Pero no puede él libertarse sin
suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias
condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia
inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación.” Sin
ninguna duda, este fragmento es un antÃdoto contra los maximalismos que
proponen postergar las luchas no económicas para el dÃa después del triunfo de
la revolución socialista.
No es posible una liberación como clase si
no se da una liberación interna, es decir, la liberación de todas aquellas
opresiones que habitan en el interior de la clase obrera. Estas opresiones son
todas las opresiones que se dan en el marco de una sociedad capitalista, y
tienen que ver con la producción y la reproducción del capital. Una visión
centrada únicamente en las opresiones del ámbito de la producción obvia las que
se desarrollan en el ámbito de la reproducción. Por lo tanto, obviar todo
aquello que tiene relación con las condiciones que aseguran que se disponga
cada dÃa de la mano de obra, esto es alimentación, cuidado de la vivienda, y la
misma reproducción, por lo tanto todo lo que tiene que ver con las relaciones
afectivo-sexuales, niega la posibilidad de la desaparición de las clases, por
no decir que margina a la mitad del sujeto revolucionario, y a todas aquellas
expresiones que se salen del marco reproductivo capitalista.
Aquà la Segunda Nota Marginal del punto 4 del capÃtulo IV de La Sagrada Familia
"Proudhon, mediante el hecho de la miseria, de la pobreza, termina sus consideraciones de una manera exclusiva; en ese hecho ve una contradicción con la igualdad y la justicia; encuentra allà sus armas. Es asà cómo ese hecho deviene a sus ojos un hecho absoluto, justificado, mientras que el hecho de la propiedad deviene un hecho injustificado." La tranquilidad del conocimiento nos enseña que Proudhon encuentra, en el hecho de la miseria, una contradicción con la justicia y que lo estima, pues, injustificado; y, sin tomar aliento, ella nos asegura que ese hecho "deviene a sus ojos un hecho absoluto, justificado".
La antigua economÃa polÃtica partió de la riqueza que el movimiento de la propiedad privada se reputa produce para las naciones y ha llegado a resultados que hacen la apologÃa de la propiedad privada. Proudhon parte del punto de vista opuesto, sofÃsticamente oculto en la economÃa polÃtica; parte de la pobreza producida por el movimiento de la propiedad privada y llega a resultados que niegan la propiedad privada. La primera crÃtica de la propiedad privada toma naturalmente como punto de partida el hecho donde la esencia contradictoria de esta propiedad aparece en la forma más tangible, más llamativa, en la que rebela más al sentimiento humano; el hecho de la pobreza, de la miseria.
"La crÃtica, por el contrario, agrupa los dos hechos de la pobreza y de la propiedad en uno solo; reconoce la conexión Ãntima de ambos, y hace de ellos un todo cuyas condiciones de existencia busca luego."
La crÃtica que, hasta entonces, nada ha comprendido en los hechos de la propiedad y de la pobreza, hace valer, "por el contrario", en oposición al hecho real de Proudhon, su propio hecho, simplemente advenido en su imaginación. Reúne los dos hechos en uno solo y únicamente después de esta operación se da cuenta de la conexión Ãntima de ambos hechos. La crÃtica no puede negar que también Proudhon reconoce una conexión Ãntima entre los hechos de la pobreza y de la propiedad, puesto que precisamente a causa de esta conexión anula la propiedad para suprimir la pobreza. Proudhon ha ido aún más lejos. Ha demostrado detalladamente cómo el movimiento del capital produce la miseria. Pero la crÃtica no se rebaja a estas mezquindades. Reconoce que la pobreza y la propiedad privada son antinomias; ¡por lo demás, es ésta una opinión bastante extendida! Ella hace de la pobreza y de la riqueza un todo cuyas condiciones de existencia busca luego. Cuestión tanto más superflua cuando la crÃtica viene a constituir justamente ese todo y que esta constitución es ella misma, por lo tanto, la condición de existencia de ese todo.
Pidiéndole a ese "todo como tal" las condiciones de su existencia, la crÃtica crÃtica busca, pues, siguiendo un procedimiento netamente teológico, las condiciones de existencia de ese todo por fuera de ese todo. La especulación crÃtica permanece fuera del objeto que pretende tratar. En tanto que toda la antinomia no es otra cosa que el movimiento de las dos partes del todo, en tanto que la naturaleza de esas dos partes encierra precisamente la condición de existencia del todo, la crÃtica elude el estudio de ese movimiento real constitutivo del todo, para estar incluso en condiciones de declarar que la crÃtica crÃtica, en tanto que tranquilidad del conocimiento, está por encima de los dos extremos de la antinomia, y que su actividad, después de haber constituido el "todo como tal", es la única que puede suprimir actualmente la abstracción que ella ha creado.
El proletariado y la riqueza son antinómicos. Como tales constituyen un todo. Son dos formas del mundo de la propiedad privada. Se trata de determinar el lugar que uno y otra ocupan en la antinomÃa. No basta decir que son los dos aspectos de un todo.
La propiedad privada, en tanto que propiedad privada o riqueza, está obligada a mantenerse ella misma y, por consecuencia, a su contrario, el proletariado. Es éste el lado positivo de la antinomia; la propiedad privada que halla su satisfacción en sà misma.
Inversamente, el proletariado, en tanto que proletariado, "se encuentra forzado a trabajar por su propia supresión y, por consecuencia, por la de la propiedad privada, es decir, de la condición que hace de él el proletariado. Este es el lado negativo de la antinomia: la propiedad privada fatigada de inquietud, descompuesta y en vÃas de disolución.
La clase poseedora y la clase proletaria presentan el mismo estado de desposesión. Pero la primera se complace en su situación, se siente establecida en ella sólidamente, sabe que la alienación discutida constituye su propio poder y posee asà la apariencia de una existencia humana; la segunda, por el contrario, se siente aniquilada en esta pérdida de su esencia, y ve en ella su impotencia y la realidad de una vida inhumana. Ella se encuentra, para emplear una expresión de Hegel, en el rebajamiento en rebelión contra ese rebajamiento, rebelión a la cual es empujada, necesariamente, por la contradicción que existe entre su naturaleza humana y su situación, que constituye la negación franca, neta y absoluta de esa naturaleza.
En el marco de la antinomia, los propietarios privados forman, pues, el partido conservador y los proletarios, el partido destructor. Los primeros trabajan para mantener la antinomia, los segundos, para aniquilarla.
Es cierto que, en este movimiento económico, la propiedad privada se encamina por sà misma hacia su disolución; pero ella no lo hace más que por su evolución que le es independiente, realizándose contra su voluntad, sólo porque produce al proletariado, en tanto que proletaria-do; vale decir, produce la miseria consciente de su miseria moral y fÃsica, el embrutecimiento consciente de su embrutecimiento, y que, por esta razón, tratan de suprimirse a sà mismos. El proletariado ejecuta el juicio que, por la producción del proletariado, la propiedad privada pronuncia contra ella misma, lo mismo que ejecuta el juicio que el asalariado pronuncia contra sà mismo, al producir la riqueza ajena y su propia miseria. Si el proletariado conquista la victoria, esto no significa absolutamente que se haya convertido en tipo absoluto de la sociedad, pues sólo es victorioso suprimiéndose a sà mismo y a su contrario. Y, entonces, el proletariado habrá desaparecido tanto como el contrario que le condiciona, la propiedad privada.
Si los autores socialistas atribuyen al proletariado ese papel mundial, no es debido, como la crÃtica afecta creerlo, porque consideren a los proletarios como a dioses. Es más bien lo contrario. En el proletariado plenamente desarrollado se hace abstracción de toda humanidad, hasta de la apariencia de la humanidad; en las condiciones de existencia del proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sà mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede libertarse a sà mismo. Pero no puede él libertarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del trabajo. No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado integro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.
Nos parece superfluo demostrar aquà que una gran parte del proletariado inglés y francés ya ha adquirido conciencia de su misión histórica y no deja de esforzarse para dar a esta conciencia toda la claridad deseada.
La crÃtica crÃtica puede reconocer esto tanto menos en cuanto ella se ha proclamado el elemento exclusivamente creador de la historia. Es a ella a quien pertenecen las antinomias históricas, asà como el papel de hacerlas desaparecer. Publica, pues, por medio de su encarnación, el señor Edgar, el aviso siguiente: "La cultura y la falta de cultura, la posesión y la falta de posesión, estas antinomias deben ser propiedad absoluta de la crÃtica, sino, serán profanadas". La posesión y la falta de posesión han recibido la consagración metafÃsica de las antinomias crÃtico-especulativas. Únicamente la mano de la crÃtica crÃtica tiene el derecho, pues, de tocarlas, sin cometer sacrilegio. Los capitalistas y los obreros no tienen que in-miscuirse en su situación recÃproca.
Lejos de sospechar que se pueda discutir su concepción crÃtica de la antinomia, que se pueda profanar ese santuario, el señor Edgar se hace hacer por su adversario una objeción que sólo él podÃa hacerse.
"¿Es posible, pues -pregunta el adversario imaginario de la crÃtica crÃtica-, servirse de otras nociones que de las nociones existentes, libertad, igualdad, etc.? Yo respondo -escuchad bien lo que responde-, que las lenguas griega y latina han desaparecido desde que fue agotada la esfera de ideas a la cual servÃan de expresión".
Ahora vemos con nitidez por qué la crÃtica crÃtica no expresa una sola idea en alemán. El idioma de sus ideas aún no está establecido, a pesar de todos los esfuerzos intentados por Reichart en su estudio crÃtico de las palabras extranjeras, por Faucher en su estudio del idioma inglés, y por el señor Edgar en su estudio de la lengua francesa, para preparar la nueva lengua crÃtica.