martes, 8 de agosto de 2017

El verano del ridículo


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El verano suele ser esa época del año en el que los temas triviales como los cortes de digestión, las medusas, los sucesos y los asuntos sin importancia centran los informativos, las tertulias televisivas y las charlas de sobremesa. Este verano está siendo diferente. Este verano se está caracterizando por ser un festival del ridículo. Un festival en el que la prensa, los tertulianos de siempre, algunos políticos y algún cantante se dejan la piel en hacer el ridículo.


Hordas abertzales atacan a turistas

Sí, Barcelona se ha sumido en el reino del caos y el terror. Hordas de chavales abertzales, con la ayuda de Ada Colau, han impuesto un régimen del terror contra el turismo. Queman autobuses, lanzan bengalas, asaltan yates, restaurantes. Su ansia de violencia no tiene fin. Todo por su odio a los turistas. Pobres turistas. Los medios no mienten. Los tertulianos son los guardianes de la verdad, y la verdad es que por culpa de esos ataques no vendrán turistas. Todo por culpa del independentismo, y de Colau, que siempre está ahí, sembrando la semilla del mal por la capital catalana. Que el turismo se haya convertido en una burbuja, y que por culpa de una masificación enfermiza, y de los bajos salarios en el sector de la hostelería y la restauración, pueda explotar en cualquier momento es harina de otro costal.


España y Ada Colau contra el aeropuerto internacional de la Cataluña post-autonómica y pre-independiente

El Prat, ese conocido aeropuerto que para mucha gente da nombre a la ciudad que lo acoge, está en el colapso absoluto. Todo por culpa de unos trabajadores que, a las órdenes de España y de Ada Colau, están en huelga justo en agosto. ¡En agosto! Fastidiando las vacaciones de miles de familias de todo el mundo. No tenían otro mes para hacer huelga, no. Todo por culpa de España. Sí, de España. Qué casualidad que el único aeropuerto en el que hacen huelga sea el de Cataluña. Sí, el de la Cataluña post-autonómica, que camina en el tránsito de la pre-independencia. Y Colau seguro que tiene parte de culpa también. Seguro que la alcaldesa de Barcelona tiene algo que ver en el aeropuerto de El Prat. Al final, le iban a llamar Barcelona World a un giga-casino de Reus. Que falte personal, y que la mejor táctica para mejorar las condiciones de trabajo sea hacer huelga cuando más jode, es harina de otro costal. Como también lo es que un servicio público subcontrate servicios acaba teniendo consecuencias. Lo es, porque la culpa es de España y de la Colau.


Albano contra el mundo

Colau, en su empeño por sembrar la semilla del mal por todas partes, ha abierto un nuevo episodio de crisis en Podem. Todo empezó con Monedero diciendo tonterías en Canet, y con Albano doblando la apuesta. La dobló y triplicó, hasta el punto que afirmó en El País que Pablo Iglesias le ha había pedido su dimisión. Cuadriplicó la apuesta anunciando a la prensa que quería tender puentes con los mismos que había purgado hacía pocos días. No sabemos cómo acabará este culebrón, pero seguro que Ada Colau tiene parte de culpa. Porque sí.


Venezuela, la Camboya de nuestros días

Todos los días tenemos noticias de la Camboya de nuestros días: Venezuela. Que si en Venezuela esto, que si en Venezuela lo otro. Que si en Venezuela una decena de chalados asaltan un cuartel militar, lo llamamos golpe de Estado. Que si en Venezuela queman gente porque parecer chavista… Seguro que es un montaje del chavismo. Que si en Venezuela el parlamento está en desacato con la justicia, Maduro está quebrando el Estado de derecho.  En Venezuela alguien se tira un pedo y abre todos los telediarios de España. Y para ponerle la guinda al pastel, Miguel Bosé. Miguel Bosé comparando un tataranieto de la sobrina de Simón Bolívar (Leopoldo López) con un chofer de autobús (Nicolás Maduro). Miguel Bosé, comparado con un cono. ¿Quién gana?


Conclusión: descansad y dejad de hacer el ridículo

Toda esta crónica de despropósitos para llegar a una conclusión. Descansad, disfrutad de las vacaciones, y dejad de hacer el ridículo en público. Usad las redes para hablar de series, de películas, del calor que hace, de lo buenos que están los helados del Mercadona, de vuestras lecturas… En un ejercicio de generosidad política dejamos que nos enseñéis vuestras fotos en Vietnam, o donde estéis de vacaciones. Eso sí, no aceptamos dos cosas: que aplaudáis en el avión al aterrizar (como diría la canción de Lendakaris Muertos) y que hagáis el ridículo. 


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