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El verano suele ser esa
época del año en el que los temas triviales como los cortes de digestión, las
medusas, los sucesos y los asuntos sin importancia centran los informativos,
las tertulias televisivas y las charlas de sobremesa. Este verano está siendo
diferente. Este verano se está caracterizando por ser un festival del ridículo.
Un festival en el que la prensa, los tertulianos de siempre, algunos políticos
y algún cantante se dejan la piel en hacer el ridículo.
Hordas
abertzales atacan a turistas
Sí, Barcelona se ha
sumido en el reino del caos y el terror. Hordas de chavales abertzales, con la
ayuda de Ada Colau, han impuesto un régimen del terror contra el turismo.
Queman autobuses, lanzan bengalas, asaltan yates, restaurantes. Su ansia de
violencia no tiene fin. Todo por su odio a los turistas. Pobres turistas. Los
medios no mienten. Los tertulianos son los guardianes de la verdad, y la verdad
es que por culpa de esos ataques no vendrán turistas. Todo por culpa del
independentismo, y de Colau, que siempre está ahí, sembrando la semilla del mal
por la capital catalana. Que el turismo se haya convertido en una burbuja, y
que por culpa de una masificación enfermiza, y de los bajos salarios en el
sector de la hostelería y la restauración, pueda explotar en cualquier momento
es harina de otro costal.
España
y Ada Colau contra el aeropuerto internacional de la Cataluña post-autonómica y
pre-independiente
El Prat, ese conocido
aeropuerto que para mucha gente da nombre a la ciudad que lo acoge, está en el
colapso absoluto. Todo por culpa de unos trabajadores que, a las órdenes de
España y de Ada Colau, están en huelga justo en agosto. ¡En agosto! Fastidiando
las vacaciones de miles de familias de todo el mundo. No tenían otro mes para
hacer huelga, no. Todo por culpa de España. Sí, de España. Qué casualidad que
el único aeropuerto en el que hacen huelga sea el de Cataluña. Sí, el de la
Cataluña post-autonómica, que camina en el tránsito de la pre-independencia. Y
Colau seguro que tiene parte de culpa también. Seguro que la alcaldesa de
Barcelona tiene algo que ver en el aeropuerto de El Prat. Al final, le iban a
llamar Barcelona World a un giga-casino de Reus. Que falte personal, y que la
mejor táctica para mejorar las condiciones de trabajo sea hacer huelga cuando
más jode, es harina de otro costal. Como también lo es que un servicio público
subcontrate servicios acaba teniendo consecuencias. Lo es, porque la culpa es
de España y de la Colau.
Albano
contra el mundo
Colau, en su empeño por
sembrar la semilla del mal por todas partes, ha abierto un nuevo episodio de
crisis en Podem. Todo empezó con Monedero diciendo tonterías en Canet, y con
Albano doblando la apuesta. La dobló y triplicó, hasta el punto que afirmó en
El País que Pablo Iglesias le ha había pedido su dimisión. Cuadriplicó la
apuesta anunciando a la prensa que quería tender puentes con los mismos que había
purgado hacía pocos días. No sabemos cómo acabará este culebrón, pero seguro
que Ada Colau tiene parte de culpa. Porque sí.
Venezuela,
la Camboya de nuestros días
Todos los días tenemos
noticias de la Camboya de nuestros días: Venezuela. Que si en Venezuela esto,
que si en Venezuela lo otro. Que si en Venezuela una decena de chalados asaltan
un cuartel militar, lo llamamos golpe de Estado. Que si en Venezuela queman gente
porque parecer chavista… Seguro que es un montaje del chavismo. Que si en
Venezuela el parlamento está en desacato con la justicia, Maduro está quebrando
el Estado de derecho. En Venezuela alguien se tira un pedo y abre todos los telediarios de España. Y para ponerle la
guinda al pastel, Miguel Bosé. Miguel Bosé comparando un tataranieto de la
sobrina de Simón Bolívar (Leopoldo López) con un chofer de autobús (Nicolás
Maduro). Miguel Bosé, comparado con un cono. ¿Quién gana?
Conclusión:
descansad y dejad de hacer el ridículo
Toda esta crónica de
despropósitos para llegar a una conclusión. Descansad, disfrutad de las
vacaciones, y dejad de hacer el ridículo en público. Usad las redes para hablar
de series, de películas, del calor que hace, de lo buenos que están los helados
del Mercadona, de vuestras lecturas… En un ejercicio de generosidad política
dejamos que nos enseñéis vuestras fotos en Vietnam, o donde estéis de
vacaciones. Eso sí, no aceptamos dos cosas: que aplaudáis en el avión al
aterrizar (como diría la canción de Lendakaris Muertos) y que hagáis el
ridículo.

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