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| Campamento de trabajadores de Coca-Cola de Fuenlabrada en huelga. Foto: Laura R. |
Continuación de la primera parte
Hoy la clase
obrera es una clase mucho más compleja, con una práctica polÃtica
hipercompleja. Existe una parte de esta clase encuadrada en sindicatos, que
participan en las elecciones sindicales (con altos porcentajes de participación
allà donde se dan) y en las secciones sindicales. Esa parte, a su vez, tiene
una estrecha relación con la esfera polÃtica, traducida en organizaciones
polÃticas que provienen del movimiento obrero (sea cual sea su evolución
histórica). Esa parte sigue siendo determinante en la vida polÃtica, y es uno
de los objetivos principales de las fuerzas polÃticas del campo de las élites.
Como objetivo a destruir, han aprobado una legislación estratégica para acabar
con su poder, con su papel determinante en la configuración de las relaciones
laborales. Por otra parte, estas fuerzas sindicales, y sus traducciones en lo
polÃtico, siguen ancladas en la lógica de los Pactos del 78.
Existe otra parte
de la clase obrera que no se encuadra en las estructuras clásicas. Se produce
un cÃrculo vicioso en el que allà donde hay estructuras clásicas no hay
derechos, ni la posibilidad de organizarse. Como no existe esa posibilidad no
existen estructuras clásicas, pero a la vez estas estructuras no se preocupan
por esos espacios. Al final, tenemos unos sectores de la clase obrera sin una
vertebración, cuyas demandas son invisibles o cuando se dan son espasmódicas.
Por otra parte, se da también una aparición en forma de reivindicación
económica lateral, es decir que afecta a aspectos clave de la vida pero que no
tienen que ver con lo que podrÃamos considerar el núcleo del conflicto, la
disputa del salario. Estas reivindicaciones económicas han incorporado al campo
de la clase obrera activa a todas aquellas personas que han perdido su
condición social en esta crisis, es decir han sumado a la lucha a los sectores
proletarizados. Estos sectores han vivido un desplazamiento ideológico por la
vÃa de los hechos. Ha sido, precisamente, la acción de grupos como la PAH la
que ha consolidado el desplazamiento polÃtico de los sectores medios y
populares de la sociedad. Ha sido la realidad material la que ha llevado a la
construcción de un sujeto, de un actor participante.
La clase obrera,
pues, la clase de personas que viven de su trabajo es el grupo social que
producirá los cambios. Por más que haya pensadores o teóricos que se estrujen
el cerebro, que imaginen o escriban relatos alternativos, serán las personas
que cada dÃa construyen la realidad que nos envuelve –la casa que tenemos, la
calle que pisamos, la persona que nos cobra en la tienda, el coche o el autobús
en el que nos movemos, etc.- las que la transformen. Por más que un intelectual
tenga la capacidad de abstraerse y pensar los métodos para la transformación,
si no conocen los rincones de la vida material, de la vida real, jamás podrán
planificar una estrategia que conduzca a las clases subalternas a asaltar el poder,
y mucho menos la transformación real de la sociedad. Ahà reside el papel de
sujeto transformador y polÃtico de primer orden de la clase obrera. De su
acción depende el cambio. Esto no quiere decir que sea el único sujeto, sino
que por sus caracterÃsticas está llamada a liderar, con su acción, todo proceso
de transformación real de la sociedad. Pueden existir cambios de régimen o de
sistema polÃtico encabezado por otras clases, pero jamás se ha dado un cambio
de base material sin el liderazgo de la principal clase oprimida.
Hoy, en la esfera
polÃtica, existe cierto vacÃo para la clase obrera. Existen organizaciones
polÃticas que la interpelan. Existen organizaciones polÃticas formadas por
personas que forman parte de esa clase, pero no existe una gran organización
polÃtica que tenga como objetivo ser la expresión de esa clase, y a su vez
quiera liderar un bloque popular. Existen organizaciones que pretenden
construir ese bloque popular, pero que al final consiguen construir bloques
populares que compiten entre ellos. No existen, por más que duela decirlo,
organizaciones que realmente centren su trabajo en organizar el partido de la
clase obrera. Hacerlo quiere decir trabajar en la creación de conciencia de
clase. Crearla, generarla desde la nueva realidad, desde una nueva forma de
vivir la vida y el trabajo, desde las nuevas formas de socialización y desde la
comprensión de la complejidad de la situación actual de la clase obrera.
Generarla desde una nueva forma de organización del conflicto, desde una forma
que conecte con la fragmentación, la temporalidad y el desarraigo. Generarla
asumiendo que se necesita un nuevo inicio y un nuevo impulso de las fuerzas
sociales y polÃticas de clase. Sin esto, solo la clase obrera que vive en
patrones pasados –pero que, como decÃamos, siguen existiendo en el presente-
existirá como sujeto, arrastrando a toda su clase por omisión a la
subalternidad polÃtica. Necesitamos que toda la clase obrera esté organizada,
necesitamos una nueva forma de vertebrarla. Lo necesitamos para que además de
existir la clase obrera sea protagonista del momento que vivimos.

