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sĂĄbado, 27 de febrero de 2016

La huelga de TMB. Claves, balance y propuestas.




Este post va dedicado a todas las personas que emiten carnets de clase obrera desde su cuenta de Twitter o Facebook. Es la misma gente que en todo el dĂ­a se despega del sofĂĄ. TambiĂ©n va por los hiperrevolucionarios que le hacen el juego a la derecha de forma sistemĂĄtica. Finalmente, a Merche, que a pesar de cometer errores sigue siendo camarada. A algunas personas se les olvida muy pronto que es la camaraderĂ­a. Son las mismas personas que mencionaba al principio. 


Lecturas recomendadas:


El pasado lunes y miĂ©rcoles la plantilla de metro y bus de TMB hizo huelga. La primera huelga del transporte metropolitano del gobierno de Barcelona en ComĂș. Estos dĂ­as han supuesto un aprendizaje, una prueba de fuego para la gestiĂłn de las contradicciones. El resultado ha sido malo para todas las partes, tanto para quien apoya el gobierno de Colau como para quien lo critica desde el primer dĂ­a. Se ha dicho mucho sobre la huelga en la redes. Mucha gente ha opinado, pero pocas han sido las opiniones bien formadas. Ha reinado el simplismo y la falta de visiĂłn de fondo. Sirva este post como granito de arena para despejar el caos de opiniones, discusiones y difamaciones.


Empecemos por la clave del problema: TMB

TMB es una empresa de carĂĄcter metropolitano, que engloba dos empresas: Ferrocarrils Metropolitans de Barcelona (metro) y Transports de Barcelona (bus). TMB es una empresa pĂșblica mastodĂłntica caracterizada por la opacidad. Asimismo, es una gran empresa con unos directivos con una remuneraciĂłn a precio de mercado. Esto quiere decir, que existe una parte de personal cualificado que cobra una pasta. Esto solo es justo en los casos de profesionales que desarrollan una labor especializada, que solo pueden desarrollar personas con grandes conocimientos tĂ©cnicos sobre la materia. Ahora bien, tambiĂ©n existen directivos enchufados. Como se explica en este artĂ­culo, los grandes partidos (sobre todo el PSC) han ido colocando dirigentes en puestos clave.

Por otra parte, por su carĂĄcter metropolitano, Barcelona aunque sea la pieza clave no es el todo, y los municipios del AMB juegan un papel importante. Ante esta realidad, Barcelona en ComĂș y los ayuntamientos del cambio se encuentran en una situaciĂłn de debilidad. A su vez, no asumir el liderazgo supone abandonar cualquier perspectiva de cambio en el monstruo que supone TMB. La precariedad y la falta de transparencia no se cambian desde fuera. QuizĂĄs, si en las pasadas municipales se hubiese pensado en clave metropolitano, y no exclusivamente local, a la hora de trazar la estrategia ahora las fuerzas populares tendrĂ­an (tendrĂ­amos) mucho mĂĄs margen de maniobra, y los cambios se podrĂ­an acelerar. AĂșn asĂ­, se han tomado iniciativas como la creaciĂłn de la Agencia de Transparencia de TMB. Esta iniciativa, de la que estĂĄn en contra muchos directivos, puede representar una palanca para el cambio que necesita dicha empresa. No solo se trata de publicar nĂșmeros, sino dejar en evidencia el entramado que existe y poder tomar medidas de profundidad con total seguridad. Sin dar ningĂșn paso en falso en una situaciĂłn de extrema debilidad. 

La gestiĂłn de la huelga.

La gestiĂłn del conflicto laboral empezĂł mal al tomar la decisiĂłn de no tener un papel destacado. Cuando la huelga ya era un hecho, el Ayuntamiento decidiĂł tomar las riendas, aunque su capacidad siempre serĂĄ limitada. Desgraciadamente las decisiones no dependen del gobierno local, aunque tiene un peso importante. A pesar de ello, el gobierno de Colau cometiĂł errores que lo pusieron en contra de la plantilla de TMB. Considerar desproporcionada una huelga (¿QuiĂ©n mide la proporciĂłn de una huelga? ¿La empresa? ¿Alguien piensa eso desde la izquierda?), publicar los salarios de los trabajadores (que por otra parte ya constaban en la web, segĂșn explican), o considerar que no es de recibo una huelga por conseguir mejoras (este artĂ­culo explica lo absurdo de esta afirmaciĂłn), han sido errores graves (y de principiantes) que han dado pie a duras crĂ­ticas  por parte de sectores de la izquierda que parecĂ­a que estaban esperando el primer error para situar a Barcelona en ComĂș como enemigo de clase (y que llegaban a usar propaganda anticomunista de El PaĂ­s para atacar a Comunistes de Catalunya, a BComĂș y a Mercedes Vidal). Parece que la vieja fĂłrmula de “clase contra clase” no ha desaparecido, como tampoco lo ha hecho el cainismo cansino de cierta izquierda.  Por otra parte, tambiĂ©n ha habido quien desde la izquierda ha considerado poco legĂ­tima la huelga. En ambos casos se trata de posturas desubicadas de la realidad, que se retroalimentan y que solo ayudan a generar un clima de tensiĂłn del todo innecesario. Hay que saber ponderar todo en su justa medida, y gestionar con tranquilidad pero sin parsimonia los conflictos. Hay que saber gestionar bien las crĂ­ticas, tanto la emisiĂłn como la recepciĂłn. En el caso de la emisiĂłn, creo que este artĂ­culo del periodista Sergi Picazo es la crĂ­tica mĂĄs razonada, y menos biliar. En el caso de la recepciĂłn el equipo de gobierno ha dado un ejemplo de rectificaciĂłn pĂșblica, llegando al punto de considerar desafortunadas unas declaraciones propias como hizo Ada Colau, en prime time, en TV3. 

Desde el principio se tendrĂ­a que haber calculado los riesgos polĂ­ticos de la huelga, y haber incidido de forma mĂĄs pronunciada en la gestiĂłn del conflicto. Por una parte, los directivos de TMB, el PSC y CiU estĂĄn interesados en que el conflicto dure lo mĂĄximo posible. Les interesa un clima de inestabilidad para denunciar la incapacidad de Colau para gobernar, y perpetuar su “no hay alternativa”. Por otra parte, tampoco se puede caer en la trampa de la defensa acrĂ­tica de la estabilidad. La estabilidad se construye a base de diĂĄlogo y compromisos, nunca desde el silencio. TambiĂ©n hay que decir que hay un sector izquierdista interesado en la inestabilidad para sacar rĂ©ditos polĂ­ticos, aunque sea a costa de dinamitar un proyecto de cambio real como el de BComĂș.

Resultado y propuestas

El balance, obviamente, no ha sido nada positivo. Un gobierno como el de BComĂș no puede permitirse enfrentarse a los trabajadores de TMB, ni de ninguna empresa pĂșblica.  Aun asĂ­, habrĂ­a que tener en cuenta dos cuestiones clave. La primera, hay que actuar para convertir el conflicto laboral en una oportunidad para dar un golpe en la mesa e iniciar una ofensiva polĂ­tica en TMB. Las lĂłgicas patronales en la gestiĂłn asĂ­ como la precariedad y una polĂ­tica tarifaria injusta dificultan el derecho a la movilidad a la gente trabajadora del AMB. Esto es fĂĄcil de explicar, y Barcelona en ComĂș tiene los instrumentos (el altavoz que supone el consistorio, por ejemplo) para empezar una ofensiva comunicativa que ponga entre la espada y la pared a los partidos que sustentan la actual situaciĂłn. Solo desde la alianza entre trabajadores y Ayuntamiento es posible iniciar la ofensiva.


La segunda, hay que asegurar los apoyos para, por una parte, no estar sometidos a la voluntad del PSC, y por otra, neutralizar cualquier intentona de doblegar el gobierno de Ada Colau. Ni coptaciĂłn ni derrocamiento. Hay que bloquear la mĂĄs mĂ­nima posibilidad de derrotar el proyecto de cambio que supone Barcelona en ComĂș. Un paso mal dado o un cambio de postura del PSC puede conllevar la vuelta de CiU, sociovergencia mediante, al gobierno de la capital. La aritmĂ©tica no lo pone nada fĂĄcil, por lo que el contacto permanente con los movimientos populares, y la capacidad de asumir sus crĂ­ticas y facilitar la consecuciĂłn de reivindicaciones pueden construir el camino para sumar mĂĄs apoyos electorales en las siguientes municipales, asĂ­ como entrenar el mĂșsculo social para poder acelerar los cambios cuando sea necesario.