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| Casandra, bendecida con el don de la profecía y maldecida con la incredulidad de los suyos |
>> En los últimos meses el debate sobre la Unión Europea está más de
actualidad que nunca. Parece que las élites políticas y económicas llevan a un
callejón sin salida al proyecto de hermandad de pueblos más exitoso de las últimas
décadas. Parece que la izquierda no para de hacer el ridículo con análisis
completamente alejados de la realidad, con discursos completamente comprados a
la pata moderada del sistema euro y con visiones ajenas al sentido común.
Parece que sigue operando el “mal de Casandra”, esa pobre mujer que previendo el
oscuro futuro de su ciudad y su familia era tratada como una loca; esa mujer
que fue encerrada en su alcoba hasta que los invasores de Troya la violaron.
Las organizaciones de izquierdas caen en el error de confundir el
internacionalismo con el europeísmo, y el europeísmo con la defensa de la Unión
Europea. Toda organización que se diga de izquierdas tiene una opinión sobre
ella que oscila entre las carencias democráticas de sus instituciones a la total
falta de democracia. A su vez, todas las críticas a las instituciones que rigen
la economía europea coinciden en el carácter antidemocrático, en su opacidad y
en la gran influencia que tiene Alemania en ellas. Casi todas coinciden en que
la Unión Europea es el resultado de un proceso histórico capitaneado por EE.UU.
para asegurarse una área de libre mercado en el viejo continente. Pero se da la
enorme contradicción de que ninguna de ellas quiere romper con ese marco. Todas
caen en la gran debilidad ideológica de asumir el discurso del miedo a la
salida del euro, todas asumen la catástrofe que supondría la salida de sus países
de la moneda común y las más seguidistas aprietan las filas defendiendo la
claudicación del gobierno griego que supone venderse el país. Hoy casi ninguna
organización de izquierdas plantea una lucha ideológica seria, una lucha en
base a marcos conceptuales propios basados, a su vez, en análisis rigurosos
económicos ya existentes.
| Ayax raptando a Casandra |
Como siempre hay quién señala el origen del problema. Son los mismos
(casualidades de la vida) que anunciaron el daño que produciría el Tratado de Maastricht
para las economías del sur de Europa. Son las personas que han advertido de lo
negativo de la libre circulación de capitales. Además, son las que señalan que
la solución hoy no viene por “más Europa”, por una fiscalidad compartida, sino
por la recuperación de instrumentos macroeconómicos, es decir por la
recuperación de la soberanía. De lo contrario, la única vía para salir de la
crisis que entre en la esfera de lo tangible es la devaluación salarial y la
venta del patrimonio público. Esta es la vía que imponen las élites, la vía que
ahoga y deja en la miseria a las capas populares. Esta es la vía que se impone
cuando no se tienen instrumentos para paliar la deuda pública, cuando no se
tienen instrumentos para disponer de dinero en el momento que se necesite sin
la imposición de medidas draconianas como en Grecia, cuando no existen
instrumentos para controlar la fuga de capitales ante políticas de control y
distribución real de la riqueza. Sin disponer de instrumentos para
contrarrestar los ataques de las élites económicas es imposible desarrollar
ningún programa de recuperación del bienestar social, es decir que no es viable
ningún programa de cambio político y social sin romper con el marco del euro y
de la Unión Europea. También es cierto
que ningún programa de transformación social hoy es aplicable sin sufrimientos.
Depende de la tendencia ideológica que ese sufrimiento recaerá en las clases
dominantes o en las populares. En el marco de la Unión Europea el sufrimiento
siempre lo padece la clase trabajadora y las capas medias, no hay opciones
políticas que valgan, las “instituciones” marcan las políticas que determinan
el reparto (obviamente desigual) del dolor.
Pero como siempre saldrán los familiares de Casandra a encerrarla en la
alcoba, a tachar de ridículas y temerarias las voces que comparten estas tesis.
En el mejor de los casos pasados diez años dirán que los que apostaban por la
salida del euro tenían razón. Saldrán los familiares de Casandra a ser
derrotadas ante un ejército implacable, sin piedad. El problema, como siempre,
es la debilidad ideológica, esquivar la batalla ideológica para poder navegar
en los oleajes electorales, planificando la política a base de encuestas,
calibrando las posiciones en función del estado de ánimo de la muchedumbre sin
plantear marcos nuevos, sin batallar la política del miedo con un proyecto de
futuro que proponga un nuevo estado de las cosas. Y cuando llegue Áyax a violar
a Casandra, cuando se cometa el sacrilegio y Grecia entre en default porque no
quede un terruño por vender, dirán que Anguita –perdón, Casandra- tenía razón.
