miércoles, 9 de noviembre de 2016

“América no es un país, solo es un negocio”




La victoria de Trump se ha convertido en el evento del año. Igual que el Brexit, los atentados del Daesh, la purga de Pedro Sánchez, o cualquier evento dispuesto a ser magnificado, los resultados de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos han pasado a formar parte de la larga lista de los eventos históricos (o eso dicen) ocurridos durante el 2016. En menos de veinticuatro horas se ha hablado y escrito mucho sobre Trump. Se ha dicho y escrito mucho, también, desde la ceguera política del liberalismo cosmopolita de nuestros días. Si bien es cierto que la victoria de Trump es una muy mala noticia para la clase obrera de los EEUU, también lo ha sido que su alternativa fuera a su vez otra mala noticia para esa misma gente. Al final, lo que estaba en juego era una opresión dura o una más dura. Al final, el electorado ha elegido a la opción que les prometía mayor seguridad. Una seguridad múltiple, no solo policial, que se convierte en un elemento prioritario cuando deja de existir la comunidad, cuando no existe ningún espacio de protección y la gente más vulnerable se encuentra desprotegida en la gran jungla ultraliberal que representa ese país.


En el discurso que dio Obama después de obtener la reelección,habló de la comunidad y del horizonte de progreso que representa el Sueño Americano. Este discurso le sirvió como excusa a Andrew Dominik para lanzar una reflexión crucial en su película Mátalos Suavemente. Jackie Cogan, el sicario a sueldo de la mafia del juego representado por Brad Pitt, insiste en cobrar por su trabajo, y de fondo suena un Obama prometiendo el cielo sobre la tierra. Ahí es cuando Driver, el abogado que hace de intermediario entre el sicario y la mafia, le aconseja que tome en cuenta ese discurso, y le espeta “¿Oyes eso? Va por ti”. Ahí es cuando Jackie Cogan lanza la reflexión que culmina la película: “Este tio quiere que creamos que vivimos en una comunidad. No me hagas reír. Yo vivo en América, y en América estás solo. América no es un país, solo es un negocio”.


Pues eso. Estados Unidos es un negocio, como todos los estados capitalistas, pero siendo el mayor, siendo el más poderoso, es aun peor. El capitalismo globalizado, o en su fase imperialista (como decía el sabio Lenin), es una fábrica de desprotección, de soledad. La necesidad constante de aumentar la plusvalía genera miseria. La misera genera la disgregación de los espacios y los tiempos necesarios para establecer lazos sociales y, por lo tanto, comunidad. Ante la falta de un espacio de protección, la referencia se establece en la nación como ente superior que debe protegernos de los males externos. Así se explica que vivamos en una etapa de repliegue nacional. Las capas más vulnerables de la sociedad necesitan un espacio de protección. Todo proyecto emancipador debe tener en cuenta que, ante un mundo controlado por los oligopolios internacionales, la recuperación de la soberanía es el primer paso para poder construir una sociedad sin explotación ni opresión. O bien la izquierda toma nota de la importancia que tiene hoy la recuperación de la soberanía y lo que podríamos llamar la “reconstrucción nacional”, o la extrema derecha, chovinista por naturaleza, liderará esa lucha, o realizará esa “reconstrucción nacional” para establecer el reino del terror y así disciplinar a la clase obrera para conseguir una tasa de ganancia mayor para las burguesías patrias. Ante un mundo globalizado, insistir en una visión cosmopolita, o en un falso internacionalismo, representa dejar todo el terreno de juego para que el fascismo avance casi sin resistencia.  

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