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miércoles, 9 de noviembre de 2016

“América no es un país, solo es un negocio”




La victoria de Trump se ha convertido en el evento del año. Igual que el Brexit, los atentados del Daesh, la purga de Pedro Sánchez, o cualquier evento dispuesto a ser magnificado, los resultados de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos han pasado a formar parte de la larga lista de los eventos históricos (o eso dicen) ocurridos durante el 2016. En menos de veinticuatro horas se ha hablado y escrito mucho sobre Trump. Se ha dicho y escrito mucho, también, desde la ceguera política del liberalismo cosmopolita de nuestros días. Si bien es cierto que la victoria de Trump es una muy mala noticia para la clase obrera de los EEUU, también lo ha sido que su alternativa fuera a su vez otra mala noticia para esa misma gente. Al final, lo que estaba en juego era una opresión dura o una más dura. Al final, el electorado ha elegido a la opción que les prometía mayor seguridad. Una seguridad múltiple, no solo policial, que se convierte en un elemento prioritario cuando deja de existir la comunidad, cuando no existe ningún espacio de protección y la gente más vulnerable se encuentra desprotegida en la gran jungla ultraliberal que representa ese país.


En el discurso que dio Obama después de obtener la reelección,habló de la comunidad y del horizonte de progreso que representa el Sueño Americano. Este discurso le sirvió como excusa a Andrew Dominik para lanzar una reflexión crucial en su película Mátalos Suavemente. Jackie Cogan, el sicario a sueldo de la mafia del juego representado por Brad Pitt, insiste en cobrar por su trabajo, y de fondo suena un Obama prometiendo el cielo sobre la tierra. Ahí es cuando Driver, el abogado que hace de intermediario entre el sicario y la mafia, le aconseja que tome en cuenta ese discurso, y le espeta “¿Oyes eso? Va por ti”. Ahí es cuando Jackie Cogan lanza la reflexión que culmina la película: “Este tio quiere que creamos que vivimos en una comunidad. No me hagas reír. Yo vivo en América, y en América estás solo. América no es un país, solo es un negocio”.


Pues eso. Estados Unidos es un negocio, como todos los estados capitalistas, pero siendo el mayor, siendo el más poderoso, es aun peor. El capitalismo globalizado, o en su fase imperialista (como decía el sabio Lenin), es una fábrica de desprotección, de soledad. La necesidad constante de aumentar la plusvalía genera miseria. La misera genera la disgregación de los espacios y los tiempos necesarios para establecer lazos sociales y, por lo tanto, comunidad. Ante la falta de un espacio de protección, la referencia se establece en la nación como ente superior que debe protegernos de los males externos. Así se explica que vivamos en una etapa de repliegue nacional. Las capas más vulnerables de la sociedad necesitan un espacio de protección. Todo proyecto emancipador debe tener en cuenta que, ante un mundo controlado por los oligopolios internacionales, la recuperación de la soberanía es el primer paso para poder construir una sociedad sin explotación ni opresión. O bien la izquierda toma nota de la importancia que tiene hoy la recuperación de la soberanía y lo que podríamos llamar la “reconstrucción nacional”, o la extrema derecha, chovinista por naturaleza, liderará esa lucha, o realizará esa “reconstrucción nacional” para establecer el reino del terror y así disciplinar a la clase obrera para conseguir una tasa de ganancia mayor para las burguesías patrias. Ante un mundo globalizado, insistir en una visión cosmopolita, o en un falso internacionalismo, representa dejar todo el terreno de juego para que el fascismo avance casi sin resistencia.  

miércoles, 20 de julio de 2016

El final de la historia y la importancia de leer bien.


Han sido múltiples las críticas al marxismo. Una de ellas es su supuesta naturaleza mesiánica, según la cual existe un “pueblo elegido” (el proletariado) destinado a liberar a la humanidad por su predestinación histórica. Si bien una lectura simple puede llevar a tener esa concepción del marxismo, en cuanto uno realiza una lectura más profunda ve que la “predestinación” de la clase obrera no viene dada por su carácter de “pueblo elegido”. Por una parte, no existe una predestinación histórica, y por la otra, el papel histórico del proletariado se sujeta en sus condiciones de vida y en su papel en la sociedad de clases.

Si bien Marx y Engels dan a la clase obrera el papel de sujeto de cambio revolucionario en el capitalismo, en el primer capítulo de El Manifiesto Comunista reflejan que la historia, es decir la historia de la lucha de clases, no se desarrolla con un final marcado. Así pues cuando en El Manifiesto exponen que la historia es “en una palabra: opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras francas y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes” dibujan una concepción abierta de la historia, cuyo fin no está predeterminado. Es decir, más allá de las proclamas típicas de un manifiesto en el que se alienta a poner fin a una situación de explotación, la concepción de la historia en Marx y Engels en ningún caso se puede ver como un esquema prefijado.

Más allá de esta cuestión, en La Sagrada Familia, hay un fragmento muy interesante sobre el papel liberador del proletariado. Se trata en el Capítulo IV, en la Segunda Nota Marginal del cuarto punto, que trata las tesis de Proudhon. Hay un fragmento del texto de Marx que comparto más abajo a partir del que se podrían extraer algunas reflexiones. En el texto Marx dice  en las condiciones de existencia del proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sí mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede libertarse a sí mismo. Pero no puede él libertarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación.” Sin ninguna duda, este fragmento es un antídoto contra los maximalismos que proponen postergar las luchas no económicas para el día después del triunfo de la revolución socialista.

No es posible una liberación como clase si no se da una liberación interna, es decir, la liberación de todas aquellas opresiones que habitan en el interior de la clase obrera. Estas opresiones son todas las opresiones que se dan en el marco de una sociedad capitalista, y tienen que ver con la producción y la reproducción del capital. Una visión centrada únicamente en las opresiones del ámbito de la producción obvia las que se desarrollan en el ámbito de la reproducción. Por lo tanto, obviar todo aquello que tiene relación con las condiciones que aseguran que se disponga cada día de la mano de obra, esto es alimentación, cuidado de la vivienda, y la misma reproducción, por lo tanto todo lo que tiene que ver con las relaciones afectivo-sexuales, niega la posibilidad de la desaparición de las clases, por no decir que margina a la mitad del sujeto revolucionario, y a todas aquellas expresiones que se salen del marco reproductivo capitalista.


Aquí la Segunda Nota Marginal del punto 4 del capítulo IV de La Sagrada Familia

"Proudhon, mediante el hecho de la miseria, de la pobreza, termina sus consideraciones de una manera exclusiva; en ese hecho ve una contradicción con la igualdad y la justicia; encuentra allí sus armas. Es así cómo ese hecho deviene a sus ojos un hecho absoluto, justificado, mientras que el hecho de la propiedad deviene un hecho injustificado." La tranquilidad del conocimiento nos enseña que Proudhon encuentra, en el hecho de la miseria, una contradicción con la justicia y que lo estima, pues, injustificado; y, sin tomar aliento, ella nos asegura que ese hecho "deviene a sus ojos un hecho absoluto, justificado".
La antigua economía política partió de la riqueza que el movimiento de la propiedad privada se reputa produce para las naciones y ha llegado a resultados que hacen la apología de la propiedad privada. Proudhon parte del punto de vista opuesto, sofísticamente oculto en la economía política; parte de la pobreza producida por el movimiento de la propiedad privada y llega a resultados que niegan la propiedad privada. La primera crítica de la propiedad privada toma naturalmente como punto de partida el hecho donde la esencia contradictoria de esta propiedad aparece en la forma más tangible, más llamativa, en la que rebela más al sentimiento humano; el hecho de la pobreza, de la miseria.
"La crítica, por el contrario, agrupa los dos hechos de la pobreza y de la propiedad en uno solo; reconoce la conexión íntima de ambos, y hace de ellos un todo cuyas condiciones de existencia busca luego."
La crítica que, hasta entonces, nada ha comprendido en los hechos de la propiedad y de la pobreza, hace valer, "por el contrario", en oposición al hecho real de Proudhon, su propio hecho, simplemente advenido en su imaginación. Reúne los dos hechos en uno solo y únicamente después de esta operación se da cuenta de la conexión íntima de ambos hechos. La crítica no puede negar que también Proudhon reconoce una conexión íntima entre los hechos de la pobreza y de la propiedad, puesto que precisamente a causa de esta conexión anula la propiedad para suprimir la pobreza. Proudhon ha ido aún más lejos. Ha demostrado detalladamente cómo el movimiento del capital produce la miseria. Pero la crítica no se rebaja a estas mezquindades. Reconoce que la pobreza y la propiedad privada son antinomias; ¡por lo demás, es ésta una opinión bastante extendida! Ella hace de la pobreza y de la riqueza un todo cuyas condiciones de existencia busca luego. Cuestión tanto más superflua cuando la crítica viene a constituir justamente ese todo y que esta constitución es ella misma, por lo tanto, la condición de existencia de ese todo.
Pidiéndole a ese "todo como tal" las condiciones de su existencia, la crítica crítica busca, pues, siguiendo un procedimiento netamente teológico, las condiciones de existencia de ese todo por fuera de ese todo. La especulación crítica permanece fuera del objeto que pretende tratar. En tanto que toda la antinomia no es otra cosa que el movimiento de las dos partes del todo, en tanto que la naturaleza de esas dos partes encierra precisamente la condición de existencia del todo, la crítica elude el estudio de ese movimiento real constitutivo del todo, para estar incluso en condiciones de declarar que la crítica crítica, en tanto que tranquilidad del conocimiento, está por encima de los dos extremos de la antinomia, y que su actividad, después de haber constituido el "todo como tal", es la única que puede suprimir actualmente la abstracción que ella ha creado.
El proletariado y la riqueza son antinómicos. Como tales constituyen un todo. Son dos formas del mundo de la propiedad privada. Se trata de determinar el lugar que uno y otra ocupan en la antinomía. No basta decir que son los dos aspectos de un todo.
La propiedad privada, en tanto que propiedad privada o riqueza, está obligada a mantenerse ella misma y, por consecuencia, a su contrario, el proletariado. Es éste el lado positivo de la antinomia; la propiedad privada que halla su satisfacción en sí misma.
Inversamente, el proletariado, en tanto que proletariado, "se encuentra forzado a trabajar por su propia supresión y, por consecuencia, por la de la propiedad privada, es decir, de la condición que hace de él el proletariado. Este es el lado negativo de la antinomia: la propiedad privada fatigada de inquietud, descompuesta y en vías de disolución.
La clase poseedora y la clase proletaria presentan el mismo estado de desposesión. Pero la primera se complace en su situación, se siente establecida en ella sólidamente, sabe que la alienación discutida constituye su propio poder y posee así la apariencia de una existencia humana; la segunda, por el contrario, se siente aniquilada en esta pérdida de su esencia, y ve en ella su impotencia y la realidad de una vida inhumana. Ella se encuentra, para emplear una expresión de Hegel, en el rebajamiento en rebelión contra ese rebajamiento, rebelión a la cual es empujada, necesariamente, por la contradicción que existe entre su naturaleza humana y su situación, que constituye la negación franca, neta y absoluta de esa naturaleza.
En el marco de la antinomia, los propietarios privados forman, pues, el partido conservador y los proletarios, el partido destructor. Los primeros trabajan para mantener la antinomia, los segundos, para aniquilarla.
Es cierto que, en este movimiento económico, la propiedad privada se encamina por sí misma hacia su disolución; pero ella no lo hace más que por su evolución que le es independiente, realizándose contra su voluntad, sólo porque produce al proletariado, en tanto que proletaria-do; vale decir, produce la miseria consciente de su miseria moral y física, el embrutecimiento consciente de su embrutecimiento, y que, por esta razón, tratan de suprimirse a sí mismos. El proletariado ejecuta el juicio que, por la producción del proletariado, la propiedad privada pronuncia contra ella misma, lo mismo que ejecuta el juicio que el asalariado pronuncia contra sí mismo, al producir la riqueza ajena y su propia miseria. Si el proletariado conquista la victoria, esto no significa absolutamente que se haya convertido en tipo absoluto de la sociedad, pues sólo es victorioso suprimiéndose a sí mismo y a su contrario. Y, entonces, el proletariado habrá desaparecido tanto como el contrario que le condiciona, la propiedad privada.
Si los autores socialistas atribuyen al proletariado ese papel mundial, no es debido, como la crítica afecta creerlo, porque consideren a los proletarios como a dioses. Es más bien lo contrario. En el proletariado plenamente desarrollado se hace abstracción de toda humanidad, hasta de la apariencia de la humanidad; en las condiciones de existencia del proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sí mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede libertarse a sí mismo. Pero no puede él libertarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del trabajo. No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado integro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.
Nos parece superfluo demostrar aquí que una gran parte del proletariado inglés y francés ya ha adquirido conciencia de su misión histórica y no deja de esforzarse para dar a esta conciencia toda la claridad deseada.
La crítica crítica puede reconocer esto tanto menos en cuanto ella se ha proclamado el elemento exclusivamente creador de la historia. Es a ella a quien pertenecen las antinomias históricas, así como el papel de hacerlas desaparecer. Publica, pues, por medio de su encarnación, el señor Edgar, el aviso siguiente: "La cultura y la falta de cultura, la posesión y la falta de posesión, estas antinomias deben ser propiedad absoluta de la crítica, sino, serán profanadas". La posesión y la falta de posesión han recibido la consagración metafísica de las antinomias crítico-especulativas. Únicamente la mano de la crítica crítica tiene el derecho, pues, de tocarlas, sin cometer sacrilegio. Los capitalistas y los obreros no tienen que in-miscuirse en su situación recíproca.
Lejos de sospechar que se pueda discutir su concepción crítica de la antinomia, que se pueda profanar ese santuario, el señor Edgar se hace hacer por su adversario una objeción que sólo él podía hacerse.
"¿Es posible, pues -pregunta el adversario imaginario de la crítica crítica-, servirse de otras nociones que de las nociones existentes, libertad, igualdad, etc.? Yo respondo -escuchad bien lo que responde-, que las lenguas griega y latina han desaparecido desde que fue agotada la esfera de ideas a la cual servían de expresión".
Ahora vemos con nitidez por qué la crítica crítica no expresa una sola idea en alemán. El idioma de sus ideas aún no está establecido, a pesar de todos los esfuerzos intentados por Reichart en su estudio crítico de las palabras extranjeras, por Faucher en su estudio del idioma inglés, y por el señor Edgar en su estudio de la lengua francesa, para preparar la nueva lengua crítica.

lunes, 27 de junio de 2016

Adiós a la guerra relámpago. Hola a las trincheras. Reflexiones sobre el 26J


Se han dicho muchas cosas sobre los resultados del 26J. Pocas lúcidas, muchas repetitivas y sin fundamento. Es por eso que este post no será un análisis profundo de las causas del fracaso, sino de las lecciones que tenemos que asumir. De todas las cuestiones que habrá que debatir, creo que la estrategia a seguir en los próximos tiempos es la clave de todo. Es decir, habrá que evaluar si la guerra relámpago, si la guerra de movimientos nos ha servido, o bien se ha hecho un uso excesivo. También habrá que valorar los resultados generales, no solo los electorales del 26J, para poder ver en qué condiciones estamos.

Lo primero de todo: la guerra relámpago ha muerto. Solo con el ejército más fuerte y mejor preparado en lo logístico y propagandístico es posible conseguir una victoria rápida. Pretender una victoria electoral para ocupar los aparatos del Estado sin tener las estructuras intermedias es un plan destinado al fracaso. Así pues, solamente en el objetivo de ocupar los aparatos del Estado se fracasó al definir una estrategia que no contemplaba las Diputaciones. Si algo tiene este país es la dependencia de las instituciones que tienen las personas más empobrecidas, produciéndose una especie de red clientelar allí donde la economía está más deprimida. ¿Quién va a poner en peligro el pan por una apuesta electoral a medias? Pero no solo se trata de las instituciones. Se trata del día a día de la calle, de la vida cotidiana de las personas. Una operación política de corto recorrido que pretenda convencer a millones de personas debe tener, primero, una masa crítica. Es decir, necesita una sociedad a punto de ebullición. La sociedad española no se encuentra en ese estado. Siguen predominando las mismas mentalidades. Es más, la desindustrialización y la crisis del capitalismo ha llevado a una mutación en la que prima el individualismo, y en la que la comunidad ha desparecido. A eso pretendía ponerle cura el populismo, pero se ha comprobado que tiene una gran limitación. Tiene una gran limitación porque la televisión sigue siendo el gran aparato ideológico. Más allá de participar en tertulias, son los telediarios y la programación más soft (programación como Sálvame, o las tertulias deportivas) los que marcan las condiciones subjetivas. Sin tener instrumentos ideológicos alternativos, que consigan generar opinión a un nivel similar, no es posible cambiar la mentalidad de una forma sólida, que se pueda mantener en el tiempo.  



Más allá de análisis pormenorizados, la principal lección que podemos extraer es que necesitamos realizar un trabajo a medio y largo plazo de construcción de comunidad. En realidad parece lo de siempre. Quizás haya quien haya pensado que un cambio real era posible en el corto plazo. Quizás nos hayamos dejado llevado por un gran crecimiento. Es normal después de décadas en el desierto. En los próximos años nos toca aprovechar todo lo conseguido, todas las posiciones que hemos avanzado para seguir peleando en la guerra de trincheras que es la política.  En los próximos años toca acabar con la brecha que existe entre el sindicalismo de clase y las capas más precarias de la clase obrera. Sin una clase obrera organizada, y activa en todos los espacios públicos, las posibilidades del cambio tienen serios límites. Sin unas organizaciones políticas que pretendan articular una sociedad alternativa, sin unas organizaciones que vayan más allá de la maquinaria electoral, las posibilidades del cambio serán ilusorias. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Declaracions, procés (marca registrada) i desobediències


Dimarts es va fer pública la resolució que presentaran Junts pel Sí i la CUP per declarar l’inici de la construcció de Catalunya com a Estat independent. Aquesta resolució decreta l’inici del camí, però no declara la desconnexió immediata ni tindrà resultats tangibles. Aquesta declaració es suma a tota la sèrie de declaracions i decrets que s’han anat aprovant però que finalment no s’han fet realitat. I no s’han fet per falta de voluntat, sinó per falta de realisme i de realitat. De moment, cap novetat, tot forma part de la dinàmica del procés (marca registrada): fer que la bicicleta continuï dempeus a base de pedalar, sense importar cap a on camini.

Ara per ara, tot i que la bicicleta del procés no ha parat de caminar no es pot veure cap resultat. No hi ha un avenç de les posicions catalanes, i encara menys de les independentistes, respecte l’Estat. Només trobem un lleuger avenç de les posicions independentistes a la política catalana, però en la política l’èxit s’hauria de marcar en funció de l’obtenció de resultats, en com s’apropa una opció dels objectius o com s’allunya. En aquest cas, només tenim dos blocs tancats, sense la intenció real de negociar. Totes dues bandes avui només estan disposades a negociar la rendició de l’altre. I no és que no hi hagi possibilitat d’acord, sinó que la tensió beneficia les posicions de cadascú. Cada posició viu en el seu cosmos, i la radicalitat de l’altre, de l’enemic, l’enforteix, la cohesiona.

Arribem, doncs, a un punt en el que per mantenir la cohesió cal seguir donant passes, i en això Convergència té un doctorat.  Encara que en cada pas es perdi força, encara que es generin més tensions., la pèrdua de força no és important en una fugida cap endavant constant, en una fugida que genera més cohesió que no pas un plantejament pactista. Per mantenir aquesta cohesió es necessita un nou episodi, un nou acte que doni la sensació de moviment. Aquest nou acte és la resolució esmentada al principi. El fet de presentar-la ja assegura la sensació que s’està fent el que cal fer per arribar a la independència. Aquesta declaració declara l’inici del que cal fer, ordena al proper govern a seguir els passos acordats per fer-ho: anunciar-ho a tothom, obrir un procés constituent, crear una Seguretat Social catalana i una Hisenda pròpia. Per fer-ho, es declara que no es farà cas al Tribunal Constitucional ni a cap autoritat espanyola. En cap cas es parla d’un referèndum o una consulta en la que el poble s’expressi sobre aquests objectius. Es dóna per fet que la majoria del país hi està d’acord.

Personalment, estic d’acord amb l’inici d’un procés constituent. Un procés d’aquest tipus implica molt més que la redacció d’una constitució. Implica la mobilització i la participació ciutadana. Implica parlar de tot, refer-ho tot de nou i acabar amb una arquitectura institucional que doni cos al procés de canvi. Per iniciar un procés constituent cal convocar, primer de tot, unes eleccions constituents, en les que el debat estigui centrat en quin projecte constitucional té cada opció. Això no s’ha fet. S’han fet unes eleccions en clau plebiscitària, no en clau constituents. Així doncs, iniciar un procés constituent amb un Parlament no constituent és força estrany, i limita molt la legitimitat d’aquest. Igualment, si la intenció de la CUP i Junts Pel Sí és iniciar un procés constituent, ho haurien de fer comptant amb Catalunya Sí Que Es Pot. Només des de l’acord d’aquestes tres forces es podria iniciar un procés realment inclusiu, amb l’aspiració d’arribar a la immensa majoria del país.

Sobre la construcció d’una Seguretat Social i una Hisenda pròpies apareixen molts dubtes. El primer és que sense cap mecanisme coercitiu és impossible recaptar impostos, o fer efectives mesures contra la pobresa energètica per posar un exemple. El segon és que sense aquests mecanismes és impossible desobeir les sentències del Tribunal Constitucional. Es pot anunciar la desobediència, però avui no existeixen els mecanismes per practicar-la en l’esfera de la realitat. De moment no s’ha presentat cap pla per poder fer efectives les mesures per construir les “estructures d’Estat”. De fet, si es fessin estaríem davant del primer cas en que un no-Estat té unes estructures d’Estat abans de ser un Estat. Normalment, s’han adaptat les estructures de l’anterior règim o s’han construït unes noves a partir de proclamar-se com a Estat independent. Ser un Estat és el que et dóna la legitimitat per fer servir els mecanisme coercitius per poder recaptar impostos o cedir la recaptació a un ens regional, per exemple.


En resum, estem davant del mateix de sempre. Estem davant del procés (marca registrada): una sèrie d’esdeveniments que es succeeixen sense obtenir cap resultat. De moment s’ha presentat una resolució que ha de gestionar un govern que no sabem si s’acabarà investint, o si s’acabaran convocant noves eleccions per al març. Segurament s’aprovarà una resolució que aposta per obrir un procés, sense saber si es podrà gestionar. S’aprovarà el desig d’aconseguir un objectiu sense parlar de com es volen aconseguir, de quines passes es seguiran per construir els instruments que els permetran arribar a la seva fita. No se sap si Galileo Galilei va pronunciar la famosa frase “eppur si muove”, tampoc sabem cap on anirem, ni a on arribarem. El que sabem és que la cosa continua movent-se, i seguim jugant als sentiments, a la èpica, deixant de banda la racionalitat i la fiscalització de la obra de govern dels darrers anys.

domingo, 30 de agosto de 2015

Flipper González y sus cartas




El domingo los catalanes  nos levantamos con una carta del expresidente de España Felipe González. Es probable que también fuera dirigida a las catalanas, pero no eran mencionadas y no soy capaz de certificarlo. Como es un personaje que no me merece ningún respeto, por su nefasta trayectoria política y su asqueroso presente ligado a la mafia empresarial hispano-americana, lo llamaré Flipper González. El nombre hace honor a una tira cómica de Miguel Brieva en la que se explica a la perfección su trayectoria como dirigente político (y que podéis ver al final de este post). Pues bien, el señor Flipper ha querido entrar en la campaña electoral catalana. Ha querido entrar con la vista puesta en las generales, con la vista puesta a consolidar al PSOE en el bloque de la defensa de la Constitución y el régimen del 78 ante unos fuertes competidores (PP y C’s).


La carta de la que hablamos no ha sido un simple artículo de opinión, ha sido el eje central del número dominical de El País. El editorial del domingo ha tratado única y exclusivamente del artículo. Pocas veces se ha podido ver un editorial y un periódico entregado a la voz de un personaje. La imparcialidad del periodismo está en su peor momento. Leer, ver y escuchar la prensa de gran audiencia hoy es un verdadero sufrimiento, es un espectáculo bochornoso. No hay periódico, no hay televisión, no hay radio que no trate el tema catalán desde una visión reduccionista. No hay prensa que no actúe como órgano de expresión del bloque constitucional o del bloque independentista-neopujolista.  Parece que la prensa de Madrid y de Barcelona esté empeñada en que el eje central del debate político sea la independencia y la unidad de España, dos caras de una moneda que empieza a estar devaluada. Un debate que empieza a cansar a la gente por su reduccionismo y por la falta de elementos tangibles.

La tensión nacional que vivimos está escondiendo a la gran masa popular que, en gran parte ajena a ese debate, sufre las consecuencias de una de las mayores crisis del capitalismo y las políticas de ajuste destinadas a mantener y aumentar los márgenes empresariales. Una gran masa popular que no tiene voz ni presencia en la prensa. Una gran masa popular que intenta ser comprada con argumentos reducidos –ya sea que la independencia traerá el progreso o que la independencia traerá miseria- por aquellos que en realidad la odian. La odian los que se creen que abrazarán la defensa de un régimen que les desprecia. La odian también aquellos que creen que son seres inferiores caricaturizados hasta la náusea, elementos exógenos que distorsionan la pureza cultural.

Volviendo a la carta, Flipper nos explica a los catalanes (ya he dicho que no puedo certificar que interpele a las catalanas) los males de la independencia. Nos advierte de grandes males, señala a los artífices de la pesadilla independentista como emuladores de las pesadillas nazi-fascistas del siglo pasado. Flipper González hace un refrito de los viejos argumentos, de los argumentarios pasados y pesados, y los sirve en papel de periódico desgastado. Hay que decir en favor de este poco entrañable anciano que en algo acierta. Acierta, por ejemplo, en que Cataluña saldrá de la Unión Europea. Es cierto, dejará de formar parte de ese club, pero si os soy sincero creo que le iría bien. Cataluña dispondría de unos instrumentos macroeconómicos de los que España ahora no dispone. También dice que dividirá a la sociedad catalana, y que supondría aislar Cataluña. Lo primero no es consecuencia de una reivindicación en sí misma, sino del peso que está teniendo la visión conservadora y esencialista del nacionalismo. Esa visión que ve en la nación algo eterno, y que en algunos casos puede tener tintes etnicistas y supremacistas. Poco hay del catalanismo del PSUC y de CC.OO. -un catalanismo popular, ciudadano e integrador- en un movimiento independentista que detesta todo lo que tenga que ver con una clase obrera mayoritariamente castellanoparlante. Cuando no la trata como sujeto subalterano, infantilizada y caricaturizada, la trata como parte del enemigo. Obviamente no todo el independentismo tiene esa visión del mundo, ni trata a la clase trabajadora de esa forma, pero no se esfuerzan mucho en distanciarse ni en denunciar esas actitudes lamentables (incluso cuando vienen de sus propias filas).

Más allá de los pormenores de la carta, se certifica una actitud paternalista de uno de los patriarcas del régimen del 78. Una actitud en la que se señalan unos peligros que los catalanes parece que no hayan visto. No sabemos de qué va la vida. Tiene que venir Flipper González, asesor de la segunda fortuna mundial, a advertirnos del infierno en el que estamos entrando. Flipper ha conseguido que el neopujolismo y su expresión electoral Junts Pel Sí cierre filas, pueda hacerse la víctima y seguir jugando a ser el trilero de la política catalana. De verdad, si realmente quieren que el independentismo deje de crecer, si quieren que los catalanes y las catalanas apuesten por seguir en España hagan caso a estos consejos. Primero, dejen de tratarnos como a imbéciles y traten a la gente con más humildad; no nos den consejos, opinen si quieren pero no den lecciones. Segundo, propongan un nuevo marco de relaciones que supere el Estado de las autonomías, que se formalice en un referéndum en el que catalanas y catalanes expresen si quieren seguir en España o no. Tercero, dejen de compararlo todo con el nazismo; es banalizar un episodio trágico de la historia de Europa. Cuarto y último, dejen de alimentar al troll independentista. Dicho esto, señor Flipper, deje la política y retírese para siempre a su vida de nuevo millonario. Nos haría un gran favor. 




jueves, 20 de agosto de 2015

Casandra y Europa

Casandra, bendecida con el don de la profecía y
maldecida con la incredulidad de los suyos 

 >> En los últimos meses el debate sobre la Unión Europea está más de actualidad que nunca. Parece que las élites políticas y económicas llevan a un callejón sin salida al proyecto de hermandad de pueblos más exitoso de las últimas décadas. Parece que la izquierda no para de hacer el ridículo con análisis completamente alejados de la realidad, con discursos completamente comprados a la pata moderada del sistema euro y con visiones ajenas al sentido común. Parece que sigue operando el “mal de Casandra”, esa pobre mujer que previendo el oscuro futuro de su ciudad y su familia era tratada como una loca; esa mujer que fue encerrada en su alcoba hasta que los invasores de Troya la violaron.

Las organizaciones de izquierdas caen en el error de confundir el internacionalismo con el europeísmo, y el europeísmo con la defensa de la Unión Europea. Toda organización que se diga de izquierdas tiene una opinión sobre ella que oscila entre las carencias democráticas de sus instituciones a la total falta de democracia. A su vez, todas las críticas a las instituciones que rigen la economía europea coinciden en el carácter antidemocrático, en su opacidad y en la gran influencia que tiene Alemania en ellas. Casi todas coinciden en que la Unión Europea es el resultado de un proceso histórico capitaneado por EE.UU. para asegurarse una área de libre mercado en el viejo continente. Pero se da la enorme contradicción de que ninguna de ellas quiere romper con ese marco. Todas caen en la gran debilidad ideológica de asumir el discurso del miedo a la salida del euro, todas asumen la catástrofe que supondría la salida de sus países de la moneda común y las más seguidistas aprietan las filas defendiendo la claudicación del gobierno griego que supone venderse el país. Hoy casi ninguna organización de izquierdas plantea una lucha ideológica seria, una lucha en base a marcos conceptuales propios basados, a su vez, en análisis rigurosos económicos ya existentes.

Ayax raptando a Casandra

Como siempre hay quién señala el origen del problema. Son los mismos (casualidades de la vida) que anunciaron el daño que produciría el Tratado de Maastricht para las economías del sur de Europa. Son las personas que han advertido de lo negativo de la libre circulación de capitales. Además, son las que señalan que la solución hoy no viene por “más Europa”, por una fiscalidad compartida, sino por la recuperación de instrumentos macroeconómicos, es decir por la recuperación de la soberanía. De lo contrario, la única vía para salir de la crisis que entre en la esfera de lo tangible es la devaluación salarial y la venta del patrimonio público. Esta es la vía que imponen las élites, la vía que ahoga y deja en la miseria a las capas populares. Esta es la vía que se impone cuando no se tienen instrumentos para paliar la deuda pública, cuando no se tienen instrumentos para disponer de dinero en el momento que se necesite sin la imposición de medidas draconianas como en Grecia, cuando no existen instrumentos para controlar la fuga de capitales ante políticas de control y distribución real de la riqueza. Sin disponer de instrumentos para contrarrestar los ataques de las élites económicas es imposible desarrollar ningún programa de recuperación del bienestar social, es decir que no es viable ningún programa de cambio político y social sin romper con el marco del euro y de la Unión Europea.  También es cierto que ningún programa de transformación social hoy es aplicable sin sufrimientos. Depende de la tendencia ideológica que ese sufrimiento recaerá en las clases dominantes o en las populares. En el marco de la Unión Europea el sufrimiento siempre lo padece la clase trabajadora y las capas medias, no hay opciones políticas que valgan, las “instituciones” marcan las políticas que determinan el reparto (obviamente desigual) del dolor.


Pero como siempre saldrán los familiares de Casandra a encerrarla en la alcoba, a tachar de ridículas y temerarias las voces que comparten estas tesis. En el mejor de los casos pasados diez años dirán que los que apostaban por la salida del euro tenían razón. Saldrán los familiares de Casandra a ser derrotadas ante un ejército implacable, sin piedad. El problema, como siempre, es la debilidad ideológica, esquivar la batalla ideológica para poder navegar en los oleajes electorales, planificando la política a base de encuestas, calibrando las posiciones en función del estado de ánimo de la muchedumbre sin plantear marcos nuevos, sin batallar la política del miedo con un proyecto de futuro que proponga un nuevo estado de las cosas. Y cuando llegue Áyax a violar a Casandra, cuando se cometa el sacrilegio y Grecia entre en default porque no quede un terruño por vender, dirán que Anguita –perdón, Casandra- tenía razón. 

miércoles, 29 de julio de 2015

No maten a la clase obrera, por favor (II)

Campamento de trabajadores de Coca-Cola de Fuenlabrada en huelga. Foto: Laura R. 


Continuación de la primera parte

Hoy la clase obrera es una clase mucho más compleja, con una práctica política hipercompleja. Existe una parte de esta clase encuadrada en sindicatos, que participan en las elecciones sindicales (con altos porcentajes de participación allí donde se dan) y en las secciones sindicales. Esa parte, a su vez, tiene una estrecha relación con la esfera política, traducida en organizaciones políticas que provienen del movimiento obrero (sea cual sea su evolución histórica). Esa parte sigue siendo determinante en la vida política, y es uno de los objetivos principales de las fuerzas políticas del campo de las élites. Como objetivo a destruir, han aprobado una legislación estratégica para acabar con su poder, con su papel determinante en la configuración de las relaciones laborales. Por otra parte, estas fuerzas sindicales, y sus traducciones en lo político, siguen ancladas en la lógica de los Pactos del 78.

Existe otra parte de la clase obrera que no se encuadra en las estructuras clásicas. Se produce un círculo vicioso en el que allí donde hay estructuras clásicas no hay derechos, ni la posibilidad de organizarse. Como no existe esa posibilidad no existen estructuras clásicas, pero a la vez estas estructuras no se preocupan por esos espacios. Al final, tenemos unos sectores de la clase obrera sin una vertebración, cuyas demandas son invisibles o cuando se dan son espasmódicas. Por otra parte, se da también una aparición en forma de reivindicación económica lateral, es decir que afecta a aspectos clave de la vida pero que no tienen que ver con lo que podríamos considerar el núcleo del conflicto, la disputa del salario. Estas reivindicaciones económicas han incorporado al campo de la clase obrera activa a todas aquellas personas que han perdido su condición social en esta crisis, es decir han sumado a la lucha a los sectores proletarizados. Estos sectores han vivido un desplazamiento ideológico por la vía de los hechos. Ha sido, precisamente, la acción de grupos como la PAH la que ha consolidado el desplazamiento político de los sectores medios y populares de la sociedad. Ha sido la realidad material la que ha llevado a la construcción de un sujeto, de un actor participante.

La clase obrera, pues, la clase de personas que viven de su trabajo es el grupo social que producirá los cambios. Por más que haya pensadores o teóricos que se estrujen el cerebro, que imaginen o escriban relatos alternativos, serán las personas que cada día construyen la realidad que nos envuelve –la casa que tenemos, la calle que pisamos, la persona que nos cobra en la tienda, el coche o el autobús en el que nos movemos, etc.- las que la transformen. Por más que un intelectual tenga la capacidad de abstraerse y pensar los métodos para la transformación, si no conocen los rincones de la vida material, de la vida real, jamás podrán planificar una estrategia que conduzca a las clases subalternas a asaltar el poder, y mucho menos la transformación real de la sociedad. Ahí reside el papel de sujeto transformador y político de primer orden de la clase obrera. De su acción depende el cambio. Esto no quiere decir que sea el único sujeto, sino que por sus características está llamada a liderar, con su acción, todo proceso de transformación real de la sociedad. Pueden existir cambios de régimen o de sistema político encabezado por otras clases, pero jamás se ha dado un cambio de base material sin el liderazgo de la principal clase oprimida.

Hoy, en la esfera política, existe cierto vacío para la clase obrera. Existen organizaciones políticas que la interpelan. Existen organizaciones políticas formadas por personas que forman parte de esa clase, pero no existe una gran organización política que tenga como objetivo ser la expresión de esa clase, y a su vez quiera liderar un bloque popular. Existen organizaciones que pretenden construir ese bloque popular, pero que al final consiguen construir bloques populares que compiten entre ellos. No existen, por más que duela decirlo, organizaciones que realmente centren su trabajo en organizar el partido de la clase obrera. Hacerlo quiere decir trabajar en la creación de conciencia de clase. Crearla, generarla desde la nueva realidad, desde una nueva forma de vivir la vida y el trabajo, desde las nuevas formas de socialización y desde la comprensión de la complejidad de la situación actual de la clase obrera. Generarla desde una nueva forma de organización del conflicto, desde una forma que conecte con la fragmentación, la temporalidad y el desarraigo. Generarla asumiendo que se necesita un nuevo inicio y un nuevo impulso de las fuerzas sociales y políticas de clase. Sin esto, solo la clase obrera que vive en patrones pasados –pero que, como decíamos, siguen existiendo en el presente- existirá como sujeto, arrastrando a toda su clase por omisión a la subalternidad política. Necesitamos que toda la clase obrera esté organizada, necesitamos una nueva forma de vertebrarla. Lo necesitamos para que además de existir la clase obrera sea protagonista del momento que vivimos.


martes, 28 de julio de 2015

No maten a la clase obrera, por favor (I)



Para ajustarlo a la lectura en formato digital publico este artículo de cuatro páginas en dos partes. La segunda parte se publicará mañana

Se ha puesto de moda en la teoría política eliminar a la clase obrera como sujeto de primer orden. Parece ser una condición sine qua non para entrar en el club de lo aceptable. La clase obrera ha muerto, ya no existe. La clase obrera es una construcción ideológica desfasada, superada por la transformación del modelo de producción. El papel predominante de la tecnología, la existencia de nuevas formas de relaciones laborales, y otras innumerables cuestiones, han hecho de la clase obrera una categoría anticuada. El sujeto actual y actualizado es la ciudadanía, para unos, la gente, el pueblo. Impera la elección de sujetos indefinidos, globales. Imperan los sujetos que esconden la complejidad de la composición de la sociedad, que esconden los conflictos existentes o los sitúan en un papel secundario.

Así es, por ejemplo, en el caso de las tesis que postulan algunos dirigentes de Podemos. Su propuesta es la de “construir pueblo”, esto es crear un relato nacional y popular con el que se identifique la mayoría y así poder implementar un programa de cambio político y social. Para rebatir sus tesis me parece imprescindible leer el artículo de Pau Llonch, en el que se desmontan las tesis idealistas de la autonomía de la esfera político-ideológica y del peso del discurso en la creación de realidades. En cierta medida, es cierto que existe una cierta performatividad en el lenguaje, pero no tanto en la dirección lenguaje-realidad-lenguaje, como proponen los acólitos del giro lingüístico, sino en la dirección realidad-lenguaje-realidad. Esto es que desarrollamos la realidad, la explicamos, a partir de un lenguaje que sirve para describir y normativizar. La normativización viene de una realidad existente, y se transforma por lo tanto transformando la apariencia y la sustancia, es decir, desde el cambio de la realidad material y de la realidad ideológica. Lo que no es cierto, y aún menos demostrable, es la independencia de lo ideológico-mental (y el discurso como narración de esa esfera) de lo material.

Lo que tampoco es cierto es que no exista una estructura social que tenga su origen en lo material, en la existencia de unos intereses materiales que sean contradictorios con los de otros grupos, en una sociedad basada en una economía de la competencia. No es cierto que la identidad se base exclusivamente en relatos, o que sea la identidad lo que genere las clases o grupos sociales. Pero más allá de negar esa tesis, que es la base de la negación de la existencia en la actualidad de la clase obrera, para determinar la existencia de clases o su composición hay que hacer una lectura dinámica y dialéctica de realidad, es decir, ver que no es el continente lo que marca una clase social (luego iremos a la etimología de “clase obrera” o “proletariado”), sino que son los intereses materiales lo que la delimita, lo que le da forma y razón de existir. Así pues, si identificamos a la clase obrera como aquella clase que vive de su trabajo dependiendo de la posesión de los medios de producción y distribución de otra persona, si identificamos a esta clase como una clase que vive de su trabajo, si somos capaces de hacer un ejercicio de abstracción podremos definir con mayor exactitud las clases sociales y su papel en la sociedad, y por ende en la política. A simple vista, y siempre y cuando quien lea estas líneas no esté encerrado en el mundo universitario de las ideas y las realidades paralelas, podrá ver que la “clase obrera” existe. Existe, además, teniendo un papel histórico de subalternidad. Lo que le da un papel protagonista en las clases subalternas es su relación directa con el conflicto capital-trabajo, esto es el conflicto que se da entre la creación social de la riqueza y el acaparamiento privado y excluyente de esta, traducida en lo material a la creación de la riqueza por parte de los trabajadores y las trabajadoras y el acaparamiento del propietario de los medios, de la apropiación en pocas manos por lo creado por muchas.

Ahora deteniéndonos en la terminología, podríamos decir que siempre que existan personas que vivan de su trabajo dependiendo de los instrumentos de otro existirá la clase obrera. Así pues “clase obrera” viene a significar “la clase que obra”, que hace, que construye. La “clase trabajadora” vendría a significar lo mismo. Se produce una confusión entre “obrero” y trabajador de la construcción, o entre “clase obrera” y trabajadores de cuello azul. Una confusión con una clara intencionalidad reaccionaria, que esconde un odio hacia la clase obrera y que pretende ahondar en su subalternidad. Por otra parte, un término mucho menos utilizado en la actualidad, pero que contrae un significado mucho más plural, es el “proletariado”. El “proletariado” es una palabra que tiene como raíz “prole” (hijos, descendencia), por lo que “proletariado” vendría a ser aquel grupo social que lo único que tiene para aportar a la sociedad son los hijos, es decir la mano de obra del futuro (en el caso de la Antigua Roma hijos para el ejército). Creo que estos términos se ajustan más a la realidad que algunos nuevos que se crean, como precariado (la precariedad como forma de vida es una constante en la clase obrera).


Otro aspecto que se tiende a enfocar para negar la existencia de la clase obrera es la transformación del espacio de trabajo, del tipo de relaciones contractuales y laborales, del tipo de centro de trabajo, etcétera. Desgraciadamente, la academia está llena de esta tendencia. El gurú de los últimos tiempos es Guy Standing, que confunde una brecha generacional en la forma de vivir el trabajo y en el estilo de vida con la aparición de una nueva clase social. Con las transformaciones en la división internacional del trabajo que llevaron a la desindustrialización de nuestro país, se produjo una brecha generacional prevista desde un primer momento (ver el Informe Petras). El proceso llamado “reconversión industrial” nos llevó a una transformación estructural y profunda de la clase obrera de nuestro país. Los blue collar dejaron de ser predominantes, dejaron de ser el principal sector de su clase, pero no dejaron de tener el protagonismo en las organizaciones de clase. De hecho, hoy siguen siendo el sector más potente del sindicalismo. Esto apunta varias cuestiones. Los blue collar siguen existiendo, no han desaparecido, y no van a desaparecer por el interés de tener un mínimo de producción industrial en suelo español -ningún gobierno está dispuesto a asumir que en su país no hay tejido productivo, y el capital extranjero lo necesita para poder mantener la dispersión de la mano de obra-. Por otra parte, anclan al movimiento obrero en lo anecdótico, lo anclan en unos sectores de la economía que no representan la globalidad de la clase obrera, desposeen a amplias capas de sectores precarizados de la organización y dificultan su toma de conciencia, sentirse partícipes de una clase social con unos intereses materiales comunes. 

lunes, 20 de julio de 2015

Guardiola, Romeva i la llista de la corrupció (amb el President)


Aquest matí Catalunya s’ha llevat ben d’hora amb la notícia del dia: Guardiola, l’entrenador que pixa colònia, tancarà la llista AMB el President. Una llista amb formulació estranya, en la que el presidenciable no encapçala i en la que hi participa el cap de la oposició. Una llista que diu molt de la debilitat de la dreta nacionalista i corrupta de casa nostra. L’objectiu de la llista és ben clar: camuflar la participació i el protagonisme polític de Convergència. L’independentisme de bona fe no ha volgut acabar amb l’hegemonia del pujolisme, ans al contrari ha facilitat la seva refundació i el seu nou impuls. I ara som aquí, davant una candidatura que farà que Convergència i Mas no hagin de fer balanç del seu govern retallador i corrupte.

El 27S hi haurà una candidatura que voldrà tapar les seves vergonyes amb l’estelada i amb el que sigui. Voldrà tapar la repressió dels moviments socials. Voldrà tapar l’estat d’emergència social provocat per les seves mesures -ningú se’n recorda que el primer govern de Convergència va treure-li la Renta Mínima a milers de persones sense ingressos?-. Voldrà tapar la destrucció d’estructures d’Estat com l’educació i la sanitat. Voldrà tapar el cas ITV, el cas Palau, el cas Pujol, i tants d’altres que han ocupat les principals planes dels diaris. Ho voldrà tapar amb Romeva i amb Guardiola. Caldria preguntar-se si són conscients que estan ajudant a tapar les vergonyes convergents. Sap Romeva que va en la llista dels que van empresonar a l’Isma i el Dani més d’un mes? Sap Guardiola que el govern de Mas va demanar quasi nou anys de presó a dos estudiants modèlics?


Esperant la resposta, ens quedarem amb l’esperança de construir un nou país amb els que realment volem fer-ho: els del SÍ SE PUEDE. Per primera vegada podrem tenir una candidatura que disputi la victòria al nacionalisme ranci i caspós de Convergència (i els seus titelles). El camí estarà ple d’entrebancs, de dificultats i d’errors, però serà el camí que ens portarà a acabar amb la màfia catalana el 27 de setembre. Catalunya no es mereix ser governada per cap màfia, ni catalana, ni espanyola ni europea.