miércoles, 29 de julio de 2015

No maten a la clase obrera, por favor (II)

Campamento de trabajadores de Coca-Cola de Fuenlabrada en huelga. Foto: Laura R. 


Continuación de la primera parte

Hoy la clase obrera es una clase mucho más compleja, con una práctica política hipercompleja. Existe una parte de esta clase encuadrada en sindicatos, que participan en las elecciones sindicales (con altos porcentajes de participación allí donde se dan) y en las secciones sindicales. Esa parte, a su vez, tiene una estrecha relación con la esfera política, traducida en organizaciones políticas que provienen del movimiento obrero (sea cual sea su evolución histórica). Esa parte sigue siendo determinante en la vida política, y es uno de los objetivos principales de las fuerzas políticas del campo de las élites. Como objetivo a destruir, han aprobado una legislación estratégica para acabar con su poder, con su papel determinante en la configuración de las relaciones laborales. Por otra parte, estas fuerzas sindicales, y sus traducciones en lo político, siguen ancladas en la lógica de los Pactos del 78.

Existe otra parte de la clase obrera que no se encuadra en las estructuras clásicas. Se produce un círculo vicioso en el que allí donde hay estructuras clásicas no hay derechos, ni la posibilidad de organizarse. Como no existe esa posibilidad no existen estructuras clásicas, pero a la vez estas estructuras no se preocupan por esos espacios. Al final, tenemos unos sectores de la clase obrera sin una vertebración, cuyas demandas son invisibles o cuando se dan son espasmódicas. Por otra parte, se da también una aparición en forma de reivindicación económica lateral, es decir que afecta a aspectos clave de la vida pero que no tienen que ver con lo que podríamos considerar el núcleo del conflicto, la disputa del salario. Estas reivindicaciones económicas han incorporado al campo de la clase obrera activa a todas aquellas personas que han perdido su condición social en esta crisis, es decir han sumado a la lucha a los sectores proletarizados. Estos sectores han vivido un desplazamiento ideológico por la vía de los hechos. Ha sido, precisamente, la acción de grupos como la PAH la que ha consolidado el desplazamiento político de los sectores medios y populares de la sociedad. Ha sido la realidad material la que ha llevado a la construcción de un sujeto, de un actor participante.

La clase obrera, pues, la clase de personas que viven de su trabajo es el grupo social que producirá los cambios. Por más que haya pensadores o teóricos que se estrujen el cerebro, que imaginen o escriban relatos alternativos, serán las personas que cada día construyen la realidad que nos envuelve –la casa que tenemos, la calle que pisamos, la persona que nos cobra en la tienda, el coche o el autobús en el que nos movemos, etc.- las que la transformen. Por más que un intelectual tenga la capacidad de abstraerse y pensar los métodos para la transformación, si no conocen los rincones de la vida material, de la vida real, jamás podrán planificar una estrategia que conduzca a las clases subalternas a asaltar el poder, y mucho menos la transformación real de la sociedad. Ahí reside el papel de sujeto transformador y político de primer orden de la clase obrera. De su acción depende el cambio. Esto no quiere decir que sea el único sujeto, sino que por sus características está llamada a liderar, con su acción, todo proceso de transformación real de la sociedad. Pueden existir cambios de régimen o de sistema político encabezado por otras clases, pero jamás se ha dado un cambio de base material sin el liderazgo de la principal clase oprimida.

Hoy, en la esfera política, existe cierto vacío para la clase obrera. Existen organizaciones políticas que la interpelan. Existen organizaciones políticas formadas por personas que forman parte de esa clase, pero no existe una gran organización política que tenga como objetivo ser la expresión de esa clase, y a su vez quiera liderar un bloque popular. Existen organizaciones que pretenden construir ese bloque popular, pero que al final consiguen construir bloques populares que compiten entre ellos. No existen, por más que duela decirlo, organizaciones que realmente centren su trabajo en organizar el partido de la clase obrera. Hacerlo quiere decir trabajar en la creación de conciencia de clase. Crearla, generarla desde la nueva realidad, desde una nueva forma de vivir la vida y el trabajo, desde las nuevas formas de socialización y desde la comprensión de la complejidad de la situación actual de la clase obrera. Generarla desde una nueva forma de organización del conflicto, desde una forma que conecte con la fragmentación, la temporalidad y el desarraigo. Generarla asumiendo que se necesita un nuevo inicio y un nuevo impulso de las fuerzas sociales y políticas de clase. Sin esto, solo la clase obrera que vive en patrones pasados –pero que, como decíamos, siguen existiendo en el presente- existirá como sujeto, arrastrando a toda su clase por omisión a la subalternidad política. Necesitamos que toda la clase obrera esté organizada, necesitamos una nueva forma de vertebrarla. Lo necesitamos para que además de existir la clase obrera sea protagonista del momento que vivimos.


0 comentarios:

Publicar un comentario