El 17 de julio se realizó la presentación del cartel de las fiestas de
la Mercè de Barcelona. El cartel de las fiestas de este año, diseñado por Mariscal –ese personaje-,
representa a una chica con el pelo fucsia, una antena en la coronilla, el metro
como pendientes, la estatua de Colón tatuada en el antebrazo y un móvil con una
serie de pictogramas carentes de sentido. Lo preocupante no es el horror de
cartel que se presenta este año, sino su trasfondo y la intencionalidad.
Mariscal, según El Periódico, definió a su protagonista como "una chica de barrio muy guapa y muy contenta de ser de Barcelona". El teniendo de alcalde de Cultura y líder socialista capitalino, Jaume Collboni, dijo que “por su cara, podría ser una chica de Nou Barris”. Viva el estereotipo. Tanto Mariscal como Collboni proyectan la imagen de una chica de Nou Barris como algo exótico, como algo que les parece curioso y que deben exponer, de la misma forma que se expone lo anómalo, pero normalizable. Les faltaba decir algo así como “la Merche es la Belén Esteban de Barcelona, una mezcla de rumba catalana y programas del corazón” o algo parecido a “la Merche es una madre coraje, a la que le falta algún diente, tiende la ropa en la ventana y compra pescado congelado en oferta”.
El cartel, sus declaraciones, me han recordado a Gaugin pintando aborígenes, pintando una realidad exótica y pura a sus ojos. Me ha recordado a todas esas veces en las que intelectuales, políticos, periodistas, en definitiva profesionales de lo suyo, se adentran en los mundos de la clase obrera, en una excursión dedicada a resaltar elementos estéticos que definen una cultura que no es creada de forma libre, sino que es impuesta. Se dedican a resaltar la ropa tendida en los balcones, las dentaduras melladas y la chabacanería como si fueran el resultado de una construcción cultural autónoma. Se dedican a imaginar un universo estético para glorificar una precariedad en la que nadie quiere vivir. Se dedican a narrar e ilustrar una realidad con una actitud colonizadora, con la actitud de quien necesita un espacio puro por primitivo.
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